*Una especialista en comportamiento canino explica que, aunque los perros no comprenden la muerte como los humanos, sí muestran cambios de conducta que podrían interpretarse como señales de despedida al final de su vida.

EL HERALDO.- La etóloga Marta Sarasúa describe que enfrentar la partida de un perro tras años de convivencia es un proceso emocionalmente difícil para cualquier tutor. El vínculo que se desarrolla con ellos es profundo, genuino y único, por lo que resulta natural preguntarnos si nuestros peludos son conscientes de su final y si sus comportamientos, a veces distintos a los habituales, podrían ser una manera de decir adiós. Aunque no hablen, los perros son increíblemente expresivos y se comunican mediante su lenguaje corporal, un recurso que utilizan especialmente en momentos de vulnerabilidad.
Sarasúa señala que no existe evidencia científica que demuestre que los perros comprendan conceptos abstractos como la muerte. Los humanos interpretamos el final de la vida desde experiencias, creencias y aprendizajes, pero los animales no parecen poseer la misma construcción cognitiva. Lo que sí se sabe con certeza es que son capaces de percibir cambios en su salud y en su estado físico o emocional. Cuando sienten que algo no está bien, su conducta se altera, reflejando malestar, debilidad o tristeza, incluso sin entender el porqué.
COMPORTAMIENTOS QUE SUELEN APARECER ANTES DEL FALLECIMIENTO
Muchos tutores aseguran haber observado en sus perros actitudes distintas durante sus últimos días de vida. Algunos se vuelven más afectuosos, buscan compañía constante, se muestran tranquilos y receptivos, como si esperaran permanecer cerca de quienes aman. Otros, en cambio, prefieren el aislamiento, eligen rincones silenciosos y se apartan del entorno familiar, tal como lo harían lobos y otros cánidos silvestres en situaciones similares. Estas diferencias no confirman una despedida consciente, pero sí sugieren que existe un componente instintivo en esta transición.
Cada perro vive este proceso de manera única, influido por su personalidad, su salud, su entorno y la relación que comparta con sus humanos. Aunque interpretar estos comportamientos como una despedida no es algo que pueda afirmarse con certeza, sí se han identificado conductas frecuentes en los animales que atraviesan su etapa final. Entre ellas se encuentran la búsqueda de compañía, las llamadas de atención mediante vocalizaciones o inquietud, el aislamiento social y la apatía progresiva. Cuando un perro deja de interesarse por actividades que antes disfrutaba, duerme más de lo habitual y se muestra débil, puede estar indicando que su vida está acercándose al cierre.
Lo más importante en este momento es ofrecer compañía, respeto y calma. Acompañar a un perro en su final es un acto de amor profundo y silencioso, donde el cariño se expresa a través de la presencia, la paciencia y el reconocimiento del vínculo construido a lo largo de una vida compartida. Cada despedida es única, pero todas tienen algo en común: el enorme agradecimiento que dejan en la memoria de quienes los amaron.

