
Artemisa, Cuba / La Jornada.- Yasmani Toirac Laffita no puede esconder su tristeza al mostrar el predio sembrado de garbanzo, que no dará frutos. “No hay cómo salvar el patrimonio enterrado. Todo lo invertido está bajo tierra. No hay forma de recuperarlo”, explica.
Otras parcelas vecinas, también de fértiles suelos rojos, labradas por los socios de la cooperativa que Yasmani dirige, correrán con mejor suerte. La de soya será cosechada en breve. Y la de malanga marcha por buen camino. Pero, son la excepción. Son muchas las que no podrán cosecharse. En general, la producción agropecuaria está semiparalizada. La asfixia energética decretada por Donald Trump contra la isla, dislocó la cadena del cultivo de alimentos.
Yasmani es un campesino corpulento de espaldas anchas y manos recias y callosas, que usa una gorra blanca y azul con el lema: “Día Mundial del Suelo. 5 de diciembre”. Es presidente de la cooperativa de producción agrícola (CPA) Waldo Díaz, en Güira de Melena, municipio de la provincia de Artemisa, a poco más de 40 kilómetros de La Habana.

