
En el Centro Municipal de las Artes (CMA) del Instituto de Cultura, Turismo y Arte de Mazatlán, la creatividad cobra vida entre las manos de los alumnos que participan en el taller de escultura impartido por el maestro Luis Ángel Leyva, un espacio donde el barro, la madera y el papel maché se convierten en vehículos para la expresión artística.
El maestro Luis Ángel Leyva, expresa que el requisito principal para integrarse al taller es la creatividad y las ganas de crear. Más allá de la experiencia previa, lo importante es el deseo de explorar el arte y experimentar con los materiales.
“El requisito más importante es la creatividad y las ganas de crear”, señala el maestro.
El taller se imparte todos los viernes de 4:00 pm a 8:00 pm. El aprendizaje comienza con ejercicios sencillos —como vasijas básicas— y, conforme avanzan las semanas, los alumnos logran realizar piezas cada vez más complejas.
De acuerdo con el maestro, en aproximadamente un año de trabajo constante los estudiantes logran una evolución notable, alcanzando un nivel que les permite realizar esculturas que al inicio del proceso parecían inalcanzables.
El maestro Luis Ángel Leyva explica que su labor consiste en instruir a los alumnos en diversas técnicas escultóricas, especialmente en el trabajo con barro, material que permite desarrollar tanto habilidades técnicas como la imaginación de cada estudiante.
Durante las sesiones, los participantes trabajan con métodos como la técnica de planchas y el vaciado en barro, procesos que implican modelar una figura, dividirla posteriormente para ahuecarla por dentro, lo cual permite que la pieza sea más ligera y que durante la cocción en el horno el aire salga con mayor facilidad.
Este proceso técnico forma parte del aprendizaje cotidiano dentro del taller, donde cada alumno desarrolla proyectos personales. Durante una de las sesiones recientes, por ejemplo, un estudiante modelaba una escultura inspirada en un arcángel, trabajando primero el torso para después integrar las alas que completarán la pieza.
En otra mesa, dos alumnos elaboraban una olla de cerámica, mientras que otra estudiante trabajaba dorsos en barro, explorando la anatomía humana a través del modelado.
La diversidad de ejercicios también se refleja en los proyectos que surgen dentro del aula: algunos alumnos elaboran jarrones decorativos, mientras que otros trabajan réplicas a escala de edificaciones, como una iglesia de Concordia, cuya arquitectura es recreada en barro con gran detalle. Incluso hay estudiantes que utilizan el taller para dar vida a personajes que antes solo existían en dibujos, trasladando sus ilustraciones al volumen escultórico.
Más que un simple curso técnico, el taller se convierte en un espacio de libertad creativa, donde cada alumno encuentra la oportunidad de expresar sus ideas a través del barro y otros materiales.
El maestro Luis Ángel Leyva extiende además una invitación a quienes deseen acercarse al arte:
“Si tienen ganas de expresarse creativamente, aquí es un espacio libre para hacerlo, ya sea en barro o en papel maché”.

