
Mientras Morena intenta explicar la paliza que recibió en Coahuila, hay otro partido que debería estar mucho más preocupado y ese es el PAN. Sí, Morena perdió de manera contundente, pero al menos logró mantenerse como la segunda fuerza política del estado. Acción Nacional ni siquiera apareció en la pelea.
Los números son demoledores. El PRI, acompañado por Unidad Democrática de Coahuila (UDC), un partido local, se quedó con los 16 distritos en disputa y superó ampliamente a sus adversarios. Morena terminó lejos de la competencia, mientras que el PAN apenas logró superar el 2 por ciento de la votación. Movimiento Ciudadano tampoco alcanzó esa cifra. Para dos partidos nacionales que constantemente hablan de crecimiento, renovación y futuro, el resultado fue un auténtico baño de realidad.
Aquí es donde comienza la parte incómoda para los panistas. Coahuila no era un territorio cualquiera ni una plaza hostil para el PRI. Era su bastión histórico, un estado gobernado por los tricolores, con estructura política, operación territorial y décadas de experiencia electoral. Si había un lugar donde Acción Nacional podía construir una alianza competitiva para evitar un desplome, era precisamente ahí. Sin embargo, decidió competir por separado y el resultado terminó siendo uno de los peores que ha registrado en la entidad.
Lo más duro para el PAN no es solamente el porcentaje obtenido. Lo verdaderamente doloroso es que el PRI demostró que tampoco lo necesitaba. Durante años Acción Nacional justificó las alianzas bajo el argumento de que eran indispensables para frenar a Morena, pero en Coahuila ocurrió exactamente lo contrario. El PRI ganó sin el PAN y el PAN descubrió que tampoco podía competir con éxito sin una alianza sólida detrás.
Y por si eso fuera poco, la suma de los votos obtenidos por PAN y Movimiento Ciudadano apenas alcanza para figurar frente a la votación conseguida por la alianza ganadora. Dicho de otra manera, dos partidos nacionales, con representación legislativa y aspiraciones presidenciales, terminaron convertidos en actores secundarios dentro de una elección donde se suponía que debían demostrar músculo político.
Movimiento Ciudadano podrá defender que mantuvo su postura de competir en solitario y ser congruente con aquella frase de «con el PRI ni a la esquina». Es una posición válida, aunque los resultados tampoco le dieron mucho que presumir. La diferencia es que MC nunca ha intentado venderse como la principal oposición del país. El PAN sí lo ha hecho una y otra vez.
Ese es el verdadero problema para Acción Nacional. El PAN asegura que está listo para competir por la Presidencia de la República, presume ser la alternativa frente a Morena y habla constantemente de crecimiento rumbo a 2027. Sin embargo, cuando llegó una elección donde Morena sufrió una derrota histórica, tampoco fueron ellos quienes capitalizaron el descontento ciudadano. No ganaron, no crecieron, no fueron competitivos y simplemente desaparecieron de la conversación electoral.
Por el lado de Morena también quedaron interrogantes. Durante buena parte del proceso previo participaron figuras como Andy López Beltrán y Luisa María Alcalde, aunque para cuando llegó la jornada electoral ya no estaban al frente de la dirigencia nacional. La derrota terminó ocurriendo bajo una nueva conducción partidista, pero eso no evita que dentro del movimiento comiencen los análisis y los ajustes de cuentas sobre lo que ocurrió en Coahuila.
Al final, esta elección dejó una lección que pocos quieren reconocer. La noticia nacional fue la derrota de Morena, pero la verdadera alarma debería estar sonando en las oficinas del PAN. Porque cuando tu principal adversario se desploma y aun así no logras crecer, cuando el partido gobernante gana sin necesitarte y cuando ni siquiera consigues convertirte en la segunda fuerza política del estado, el problema ya no está en los demás.
El problema eres tú.
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