
Exéslior.- El dolor en la parte baja de la espalda es una de las molestias musculoesqueléticas más comunes en la población. Sin embargo, suele existir confusión entre dos términos frecuentemente utilizados como sinónimos: la lumbalgia y la ciática.
Aunque ambas afecciones pueden estar originadas por la alteración de una raíz nerviosa, sus manifestaciones clínicas e itinerarios de dolor presentan diferencias claras que determinan el diagnóstico y tratamiento oportuno.
Para clarificar el panorama de estas patologías, el Dr. Víctor Axotla Bahena, traumatólogo y director del Instituto de la Rodilla, Cadera y Columna (INROCA), explica la naturaleza de estos padecimientos, las causas que desencadenan la compresión del nervio ciático y las señales de advertencia que no deben ignorarse.
Para clarificar el panorama de estas patologías, el Dr. Víctor Axotla Bahena, traumatólogo y director del Instituto de la Rodilla, Cadera y Columna (INROCA), explica la naturaleza de estos padecimientos, las causas que desencadenan la compresión del nervio ciático y las señales de advertencia que no deben ignorarse.
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Diferencias anatómicas: ¿dónde se origina y hacia dónde viaja el dolor?
La diferencia fundamental entre ambos cuadros clínicos radica en la localización inicial del malestar y su trayectoria a lo largo de las extremidades inferiores. Mientras que la lumbalgia se concentra estrictamente en la zona baja de la columna, la ciática o lumbociatalgia involucra un trayecto más extenso provocado por la irritación del nervio ciático.
La lumbalgia es el dolor a nivel lumbar, únicamente espalda baja. Cuando el dolor se extiende de la espalda hacia la nalga y la cara posterior de la pierna, se llama lumbociatalgia. El dolor de ciática inicia en la nalga y se va hacia la pierna, no inicia en la parte lumbar
Hernias de disco y factores de riesgo: ¿por qué afecta más a las mujeres?
El disco intervertebral actúa como un amortiguador entre las vértebras. Cuando este soporte se somete a presiones excesivas o constantes, la estructura del anillo fibroso puede ceder y formar protusiones o hernias de disco que van desde el abombamiento leve hasta la extrusión discal de grado tres, considerada una urgencia médica debido a la intensidad del dolor.
En cuanto a la vulnerabilidad, los factores biomecánicos y biológicos juegan un papel determinante. A partir de los 45 años se acelera la deshidratación discal y la pérdida de densidad ósea, un proceso que impacta con mayor frecuencia a la población femenina.
El riesgo de padecer este tipo de padecimientos es mayor en las mujeres en una proporción de dos a uno. El uso de tacones altos aumenta la curvatura de la columna (hiperlordosis), lo que incrementa la presión sobre el disco que termina comprimiendo la raíz nerviosa
A este factor se suman hábitos como el tabaquismo, el sedentarismo, la falta de descanso adecuado e incluso el levantamiento inadecuado de peso en rutinas de ejercicio sin la preparación física requerida.
Señales de alerta para acudir al traumatólogo
El dolor de espalda no debe normalizarse ni tratarse exclusivamente con automedicación prolongada. Cuando los síntomas persisten por más de tres a cinco días o muestran un deterioro progresivo, es fundamental buscar atención médica especializada para evitar un daño neurológico mayor.
Los datos de alarma son los calambres, el hormigueo y sobre todo la pérdida de fuerza. Si vas caminando y sientes que se te dobla la pierna, significa que la raíz nerviosa está más alterada de lo normal. Primero se afecta la parte sensitiva y luego la motora
El diagnóstico oportuno permite implementar tratamientos conservadores basados en higiene postural, suplementación, estiramientos y corrección de hábitos diarios para reducir la presión intradiscal.
Cuando el daño requiere intervención, la medicina actual ofrece alternativas que van desde procedimientos convencionales hasta cirugías de mínima invasión asistidas por neuromonitoreo, evitando complicaciones graves a largo plazo.

