*LA MARCHA ERA POR LA PAZ, NO PARA COLGARSE MEDALLAS

Miguel Taniyama ya ofreció una disculpa pública a Rosa Félix, madre buscadora, por el intercambio que protagonizaron durante la marcha por la paz.
Y sí, las disculpas son bienvenidas, pero seamos claros: el problema de fondo no cabe en una disculpa.
Porque mientras una madre buscadora quería tomar el micrófono para hablar desde un dolor que no se explica con discursos, la discusión terminó siendo quién tenía derecho a tener la voz.
Y ahí es donde algo se salió de lugar.
Esa marcha no necesitaba dueños, protagonistas ni figuras que pudieran decir después “yo llevé a la gente”, la gente llegó porque está cansada.
Porque tiene miedo, porque ha perdido a alguien, porque quiere paz.
Y aquí va la parte incómoda: los políticos y quienes aspiran a serlo pueden caminar junto a la ciudadanía, faltaba más.
También tienen familias, también pueden tener miedo y también tienen derecho a exigir seguridad.
Pero una cosa es acompañar una causa y otra muy distinta intentar apropiarse de ella.
No se vale ponerse la medalla de una lucha que nació del hartazgo de miles de ciudadanos, no se vale convertir el dolor de una ciudad en currículum político.
Porque eso es precisamente lo que tiene harta a la gente: que cada tragedia, cada protesta y cada necesidad termine convertida en oportunidad para alguien.
Hoy no era el momento de buscar reflectores, era el momento de escuchar.
Y si de verdad queremos una ciudad en paz, quizá también tendremos que aprender a respetar los espacios de quienes llevan años gritando y nadie escucha.
La marcha fue de la gente, el dolor fue de la gente, la exigencia de paz fue de la gente.
Que nadie venga después a ponerse una corona por haber caminado unos kilómetros junto a ellos.

