
Suecia / El Financiero.- Alva Palosaari Sundman recorrió durante horas los percheros de ropa de segunda mano en Estocolmo en busca del par adecuado de jeans usados.
La estudiante de arte, de 24 años, estuvo entre los cientos de personas que asistieron el domingo a un intercambio anual de ropa en un centro comunitario de la capital de Suecia. Intercambiaron su propia ropa para “comprar” otras prendas. Eventos similares atrajeron a miles de personas en todo el país para reducir el costo ambiental de la producción de ropa.
Palosaari Sundman dijo que le dio gusto ver a otras personas elegir la ropa que ella había llevado.
“Es como: ‘Ah, OK, cobra una nueva vida con esta persona’”, dijo. “Se siente un poco más humano».
El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) menciona a la moda rápida como un elemento importante en el daño ambiental, ya que produce hasta el 10% de las emisiones de carbono del mundo. La ropa desechada atiborra los vertederos que dejan marcas en los paisajes de los países en desarrollo, y las fibras plásticas usadas para fabricar telas baratas contaminan los océanos.
Para producir un par de jeans, por ejemplo, se requieren aproximadamente 7.571 litros (2.000 galones) de agua, señaló el PNUMA.

